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El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha comunicado a Berlín que quiere hablar ante sus seguidores cuando viaje a Alemania para asistir a la cumbre del G20, que se celebra en Hamburgo el 7 y 8 de julio, un plan que para el ministro alemán de Exteriores, Sigmar Gabriel, “no es buena idea”.

Durante una visita a Rusia, según las declaraciones recogidas por los medios germanos, Gabriel señaló que desde ayer su Gobierno tiene una solicitud oficial del turco comunicándole que Erdogan quiere hablar ante sus compatriotas en torno a la cumbre del G20 (grupo de potencias industriales y emergentes).

“A mi no me parece buena idea, con el G20 no hay suficientes recursos de policía para darle seguridad a un acto de esa naturaleza. Además, algo así no encuadra en el contexto del G20”, subrayó el ministro socialdemócrata.

Gabriel, según un comunicado del ministerio, le trasmitió ya a su colega turco su punto de vista.

El líder de su partido y cabeza de lista para las elecciones de septiembre, Martin Schulz, había pedido ya de antemano prohibir una eventual intervención de Erdogan en Alemania.

“Los políticos extranjeros que pisotean nuestros valores no deben tener en Alemania un escenario para sus discursos incendiarios”, dijo Schulz en declaraciones al diario “Bild”.

“No quiero que el señor Erdogan, que en Turquía mete en la cárcel a los periodistas y a los miembros de la oposición, hable en una manifestación en Alemania”, añadió Schulz para destacar que su preocupación no es logística, sino que no quiere que el presidente turco exporte sus problemas internos.

Gabriel, en un comunicado, expresó su “comprensión” ante la postura de Schulz y afirmó que ha propuesto a la canciller, Angela Merkel, un cambio de criterio en lo relacionado con intervenciones de políticos extranjeros en Alemania.

“En el pasado hemos permitido ese tipo de actos, también en medio de campañas electorales. Creo que ahora debemos comunicarle a todos los países que no pertenecen a la UE -y no sólo a Turquía- que no permitiremos actos electorales en Alemania que traigan conflictos internos de otros países”, dijo

En Alemania viven alrededor de 3 millones de personas con raíces turcas y cerca de la mitad de ellos tienen derecho a voto en Turquía.

La prohibición de mítines de ministros turcos en Alemania durante la campaña del referéndum constitucional, el pasado marzo, generó una crisis bilateral.

Las relaciones entre Berlín y Ankara estaban ya dañadas por la detención en Estambul de un periodista germano-turco, acusado de propaganda terrorista, y por el veto de Ankara a que diputados germanos visitaran a sus tropas en la base turca de Incirlik.

La pasada semana el pleno del Bundestag (cámara baja) respaldó la retirada de las tropas de esa base, desde donde el Ejército alemán apoya a la coalición internacional contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI) y su traslado a Jordania.

Ankara había prohibido ya el año pasado una visita de diputados a Incirlik, poco después de que el Bundestag aprobara una resolución de condena del “genocidio armenio” que desató protestas de Ankara.

El veto se repitió este año, entre críticas a Berlín por dar asilo a personas vinculadas a la red del predicador islamista Fethullah Gülen, al que Ankara acusa de instigar el fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio.

La última vez que Erdogan habló en Alemania ante seguidores suyos fue en Karlsruhe (suroeste del país) en mayo de 2015.

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