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Los restos de Óscar Lagos Ríos, integrante de la guardia personal del fallecido presidente chileno Salvador Allende (1970-1973) fueron entregados a su familia por el Servicio Médico Legal.

A las 10.00 hora local (14.00 GMT) se inició la caravana fúnebre en dirección al Cementerio General de Santiago, para dar sepultura al militante socialista a 44 años de su asesinato, en los inicios de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

El cortejo hizo paso por la sede de la Federación de Sindicatos de Empleados Particulares, situada a solo 50 metros del Palacio La Moneda, para luego detenerse en la puerta Morandé 80, por donde fueron retirados los restos mortales del presidente Allende tras el golpe de Estado de 1973.

Ya en el Cementerio General, se realizó un acto de despedida en el Memorial de los Detenidos Desaparecidos, que fue inaugurado en 1994 y recuerda a las víctimas del régimen militar chileno.

Lagos Ríos, con 21 años, fue detenido entre los escombros de La Moneda tras el bombardeo de fuerzas militares en 1973, junto a funcionarios de Gobierno y otros miembros del Grupo de Amigos del Presidente (GAP), como se le denominó a la escolta de Allende.

El joven fue uno de los miles de detenidos desaparecidos que dejó el régimen de Pinochet en el país suramericano, y solo en 2001 una diligencia judicial motivada por la declaración de un testigo protegido permitió dar con el paradero de su cuerpo.

Se supo que Lagos Ríos y otras decenas de apresados fueron llevados desde la sede gubernamental al Regimiento de Artillería “Tacna”, donde se les interrogó y torturó.

Según datos de la investigación, el propio Pinochet acudió a dicho regimiento y presenció los interrogatorios y vejámenes desde un lugar oculto.

El 13 de septiembre de 1973, los prisioneros fueron trasladados en un camión al campo de entrenamiento militar de Peldehue, a unos 30 kilómetros al norte de Santiago, donde fueron alineados junto a un pozo de agua seco y ametrallados.

Antes de tapar el pozo con tierra, los soldados lanzaron granadas al interior para destruir los cuerpos.

En diciembre de 1978, tras el descubrimiento de los cadáveres de algunos detenidos desaparecidos, Pinochet ordenó la operación “Retiro de Televisores”, consistente en desenterrar los cadáveres, meterlos en sacos atados a rieles, para después ser lanzados al mar desde helicópteros del Ejército.

En 2001, a pesar de la acción de los explosivos y de la posterior exhumación de los cadáveres, se hallaron cerca de 500 pequeños restos óseos, donde la mayoría pertenece a personas identificadas.

Durante el régimen de facto que encabezó Pinochet (1973-1990), según cifras oficiales, unos 3.200 chilenos murieron a manos de agentes del Estado, de los que 1.192 figuran aún como detenidos desaparecidos.

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