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Las elecciones legislativas en Francia, cuya primera vuelta se celebra mañana, hacen prever en el país una gran renovación de su panorama político, en el que, de cumplirse las proyecciones de los sondeos, el partido del presidente, Emmanuel Macron, logrará la mayoría absoluta.

Los cerca de 47,5 millones de inscritos en las listas electorales están llamados a elegir a los 577 diputados de la Asamblea Nacional, en la que hasta ahora el grupo más numeroso, con 284 escaños, es el constituido por los socialistas y sus aliados ecologistas.

Los 67.000 colegios electorales abrirán sus puertas de 08.00 (06.00 GMT) a 20.00 (18.00 GMT), si bien en las ciudades mas pequeñas cerrarán dos horas antes y los territorios de ultramar votan este sábado.

La votación el pasado fin de semana de los franceses en el extranjero, que se decantaron de forma mayoritaria por La República en Marcha (LREM), reflejó la potencia del partido de Macron, que según los sondeos se hará con entre 397 y 427 diputados, muy por encima de los 289 de la mayoría absoluta.

Los Republicanos, con una proyección de entre 95 y 115 escaños, mantienen según los medios el consuelo de liderar la oposición, mientras que los socialistas ven limitadas sus aspiraciones a menos de 40 diputados y el ultraderechista Frente Nacional (FN) y La Francia Insumisa izquierdista tienen dificultades para alcanzar los 25 necesarios para formar grupo.

Luc Rouban, director de Investigación en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS), advirtió hoy en el diario “Le Figaro” que la fortaleza de los candidatos de Macron constituye un arma de doble filo.

Privado de una verdadera oposición, podría caer a su juicio en una “actitud autista”, desconectada de la “rabia” expresada en las presidenciales de abril y mayo, en las que los franceses castigaron a los partidos tradicionales.

“Es necesario que haya un contrapoder”, explica a Efe Ouissem, electora de 32 años que respaldó a Macron en la segunda vuelta de las presidenciales para frenar a la ultraderechista Marine Le Pen, pero que no es partidaria de la política “ultraliberal” que ese dominio parlamentario podría permitirle.

La campaña de estas últimas cinco semanas no ha contribuido a hacer valer el programa de los candidatos: el rechazo del presidente estadounidense, Donald Trump, al Acuerdo de París sobre el clima, los atentados de Londres y el ataque frustrado en la capital francesa, hace cuatro días, han desviado la atención mediática.

Esta se ha centrado también en las sospechas de nepotismo que recaen sobre el antiguo socialista y actual ministro de Cohesión Territorial, Richard Ferrand, y de abuso de confianza y ocultación por parte del partido centrista MoDem, aliado de LREM, pero ambos casos no han minado las perspectivas de los “macronistas”.

Mañana se espera una participación entre el 49 % y el 60 %, que podría batir el récord de abstención del 42,8 % de la primera ronda de las legislativas de 2012, y a un día del voto todavía hay franceses indecisos.

“Votaré porque es un derecho y un deber, pero no sé por quién”, dice a Efe Lorraine Brahim, que en las presidenciales votó en blanco y en estos nuevos comicios solo tiene claro que no respaldará al partido de Macron, porque no comparte “para nada” sus ideas.

En total, los franceses pueden elegir entre 7.881 candidatos, frente a los 6.612 de 2012, en un año en que la aplicación por primera vez de la ley sobre la acumulación de mandatos, que prohíbe a un parlamentario ejercer simultáneamente como jefe o adjunto en un ejecutivo local, se ha reflejado en una caída del número de candidatos salientes.

A la espera del resultado de la segunda vuelta del día 18, lo único que parece claro, según los medios, es que el paisaje político francés “se prepara para una nueva revolución”, ante la que candidatos como Le Pen ya han advertido de que si su partido no llega a conseguir grupo parlamentario “no será un problema del FN, sino de la democracia”.

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