Piramide5N- Canal Panama Ensa

 

Los pilotos del Canal de Panamá tienen que “jugar” con minibuques antes de enfrentarse por primera vez a los mastodónticos barcos que empezaron a cruzar la ampliación de la vía interoceánica hace casi un año.

Son los conocidos como neopanamax, unos barcos de dimensiones descomunales que quitan el hipo con solo mirarlos y que no caben por las viejas esclusas. Pueden llegar a transportar hasta 13.000 contenedores, casi tres veces más que los buques que sí pueden pasar por el canal antiguo.

Introducir estos amasijos de hierro en las nuevas esclusas es una maniobra delicada, de ahí que sea necesario ensayar antes en un centro de entrenamiento con buques veinticinco veces más pequeños.

“Todos los barcos que tenemos aquí están diseñados a escala 1:25 y son exactamente iguales que los buques originales. Les pedimos a los armadores los planos y los construimos igual”, explica a el director del Centro de Capacitación de Maniobras a Escala de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) Peter Pusztai.

Este práctico, con más de 30 años de experiencia, se encarga de enseñarle a los pilotos que nunca han navegado un neopanamax las claves para realizar un buen tránsito.

“El factor se multiplica, por el efecto a escala. Lo que hacemos aquí en 15 minutos equivale en la vida real a una hora de trabajo. Todo sucede 5 veces más rápido, lo que ayuda a desarrollar la pericia y la agilidad de los prácticos”, apunta Pusztai.

El centro, que cuenta con 15,5 hectáreas y dos lagos artificiales, replica a escala algunos de los tramos más simbólicos de la ruta acuática como las Esclusas de Gatún, las de Agua Clara o el Corte Culebra, y tiene incluso simuladores de corriente.

“La entrada a las esclusas es una de las maniobras más delicadas. También es complicado cuando se cruzan dos buques en el Corte Culebra”, admite.

El famoso Corte Culebra es la parte más estrecha de la vía interoceánica, un cajón de agua que atraviesa una sierra homónima y cuya excavación fue quizá el desafío más grande al que se enfrentaron los estadounidenses durante la construcción del canal a principios del siglo pasado.

Las instalaciones, las primeras de este tipo en Latinoamérica y las séptimas del mundo, cuentan actualmente con 4 remolcadores y 3 buques, aunque el cuarto ya se está fabricando y estará listo a principios del año que viene.

El granelero Nord Delphinus y el portacontenedores Maersk Edinburgh, ambos construidos en Port Revel, Francia, fueron los primeros en llegar al centro.

El último buque en incorporarse ha sido el Stream LNG, un gasero de 11,8 metros de eslora y 1,95 metros de manga semejante a un barco homónimo que transporta gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) y mide 269,9 metros de eslora y 48,7 metros de manga.

El centro, ubicado a orillas del canal en medio del bosque de Gamboa, haría las delicias de los amantes de los juguetes teledirigidos pero, como bien dice el capitán, no está abierto al turismo porque “no es Disneyland”.

Desde que se inauguró en marzo del año pasado, ya han pasado por aquí 168 de los 300 prácticos que van a recibir formación. De momento, solo practican pilotos del canal, pero la ACP no descarta en un futuro alquilar las instalaciones a las navieras que lo soliciten, cuenta Pusztai.

El canal, por el que pasa cerca del 6 % del comercio mundial, une más de 140 rutas marítimas y 1.700 puertos en 160 países distintos.

La ampliación, ejecutada en su mayoría por un consorcio liderado por la española Sacyr, se inauguró el 26 de junio de 2016 y su coste superará los 5.250 millones de dólares presupuestados inicialmente.

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